24 respuestas de Ghandi

Si tuvieran la oportunidad de hablar con este gran personaje de la historia, ¿qué le preguntarían? Estas son 24 respuestas que Ghandi le dio a la vida, y sin duda aportarán mucho en la de cada uno de nosotros:

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¿Por qué no tienes novia? La respuesta está en las matemáticas

El astrónomo Frank Drake formuló en 1961 la célebre ecuación de Drake, un multiplicador de una serie de parámetros –número de galaxias, de planetas que orbitan en la ecósfera, desarrollo de vida inteligente, etc.- cuyo resultado brinda una respuesta (10 civilizaciones contactables al año, según los muy optimistas cálculos del propio Drake). Basándose en el mismo planteamiento que Drake, un estudiante británico, Peter Backus, diseñó su propia fórmula para encontrar la respuesta a algo que le entristecía, y sé que a muchos también: ¿Por qué no tengo novia?

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El paraíso en un segundo

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[Viernes] Eran algo más de las 6 de la tarde cuando salió al balcón de la habitación, la vista era increíble, no podía creer la magia que se presentaba ante él, una sensación inigualable, nunca había visto algo así. No existía ninguna cámara que pudiera captar lo que percibían sus ojos. Era la mezcla perfecta y única entre el cielo y el mar, entre las estrellas y la arena, la luz y la oscuridad. Ese momento en el que no es día ni es noche, que solo dura un segundo, y justo en ese segundo, llegaron a su cabeza los mil pensamientos que a fin de cuentas eran solo uno o mejor, una, era ella. En ese segundo de tiempo que dura una eternidad en el pensamiento estuvo ella, como si hubiera estado para siempre y como si la extrañara como nunca. En ese momento en el que el cielo estaba tan estrellado que no se distinguía la estrella más brillante ni la ola más lejana en el infinito de la última nube del cielo. Ese preciso momento era de los dos y del sabor a pera o manzana de sus labios que la brisa convertía en sabor a luna, a noche, infinita, inalcanzable, inolvidable. Cada punto brillante del cielo se mezclaba con la fotografía que guardaba en su retina de la última vez que la vio, porque aunque en ese momento no la vio realmente, llevaba un poco de la mirada de ella guardada en la suya. Su imaginación volaba, orbitaba, deambulaba, navegaba cada ola, naufragaba. El sonido del mar resonaba en acordes perfectos con el recuerdo de su voz. Y la brisa húmeda… ¿Qué otra cosa podía ser esa brisa con sabor a mar, a libertad, a infinidad sino sus besos? Esos besos que en ese momento no sabía si volverían, pero que más tarde le habrían de dar más motivos para imaginar historias, para hacerla suya en versos. 

Y aunque todo eso pasó en tan solo un segundo, ella siempre estuvo en su mente…

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Me gusta, pero no…

Me gusta la fotografía, pero no tengo el ojo de un fotógrafo. Me gusta la pintura, pero no tengo los trazos de un pintor. Me gusta la cocina, pero no tengo paladar exquisito. Me gusta el teatro, pero nunca he interpretado un papel diferente al de mi locura. Me gusta la arquitectura, pero mi geometría es asimétrica. Me gusta la danza, pero mis piernas no encuentran el compás. Me gusta la literatura, pero me quedo corto de palabras. Me gusta la música, llevo en mi garganta los acordes menores que toca la vida y en mis dedos la melodía disminuida de quien ha tocado el piano solo cuando se quiere melancolizar el alma. Me gusta la música, pero ella no gusta de mí.

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