Amparo, no seas tramposa

Hands_by_Ext_Seeno

Eso lo negociamos luego -Dijo ella-.
Ya llegué, quiero más -Dijo él-.

De camino a casa en el taxi lo recordaba todo una y otra vez. Esa noche (o madrugada ya), sucedió inesperadamente lo que él había esperado desde hace ya un buen tiempo; el momento en el que aquel pacto entre la boca y la mejilla se cumpliera y por fin pudiera tener entre sus labios, los de ella. No seas tramposa -dijo él-. La sensación es imposible de describir sin usar palabras cursis, así que no lo haré. Pero no puedo dejar de decir que en lo que a él respecta esos besos sabían como a manzana verde o como a pera, o como alguna fruta exótica que cambia de sabor y que con cada mordida vuelve adicto cada corpúsculo de meissner en sus labios, las perfectas imperfecciones de sus labios. Esa sensación de cercanía, de calor y de su corazón brincando como si estuviera en un rave party a las 4:37 am. (dietilamida de ácido lisérgico incluida).

Debo confesar que los vi tomarse de la mano. Vi su mano acariciar la de ella como si quisiera aferrarse allí para siempre, como si sus sentidos se agudizaran cada vez que la toca (y creo que alguna vez me lo dijo). Los vi tomarse de la mano y los vi tomarse un par de cervezas mientras hablaban de todo, de sus vidas, de su pasado, de ellos. Sonreían… Al verla sonreír entendí por qué él se siente así y me lo dijo también alguna vez: -Esa sonrisa es más barata que la electricidad y da más luz-. El menú no era el más saludable para comer a las 11 de la noche, pero supongo que así son las papas a la francesa, -Me gusta que me odies, porque el odio lleva mucha pasión inmersa-.

“Cuando quiere huir se pone de mal genio y se inventa una pelea”. Creo que así decía.

En el teatro el escenario era un poco bizarro Aunque tenía un olor agradable, había una estatua que representaba la figura masculina perezosa por naturaleza, una barra de pole dance, un sofá, un vestier, una mesita, la voz recurrente de una anciana que decía cosas como “Mijita, si quiere que un hombre deje de acosarla sexualmente, cásese con él”, y una mujer con un delantal, un vestido y un liguero. Esa mujer que después de más 5 décadas aun despertaba oscuras pasiones en los hombres, esa mujer se llama Amparo y esa noche era el centro de atención de la sala. Pero no para él, no en ese momento. En ese momento él era preso de lo que sentía en su mano izquierda, de sus dedos (los de ella), de sus manos (las de ella), de su piel (la de ella). Su centro atención era ella, siempre lo fue. En ese momento, él la tomó de la mano.

“El tiempo ya está hablando, solo tienes que escucharlo”.

Visita: www.juansingsrock.com

Anuncios

Comentar

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s