Una suerte muy mal merecida

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– Él: ¿Dónde estoy?
– Ella: ¿Perdón?
– Él: Sí, ¿Quién eres tú?
– Ella: ¿Es enserio? Llevamos una hora hablando…
– Él: ¿Me prestas tu teléfono?
Transcurría un viernes normal por allá en el 2003, y él se encontraba tomando algunas cervezas con uno de sus mejores amigos, quien a su vez estaba con algunos compañeros de la universidad. Uno de ellos propone que vayan a tomar unos tragos en un bar de rock, a lo cual todos estuvieron de acuerdo. Ya habían tomado una buena cantidad de cervezas antes de llegar al bar al que se dirigían. (Cuento esto porque el nivel de alcohol es un factor crucial en el desenlace de la historia).
Llegaron entonces al bar y pidieron dos botellas de aguardiente. Esa clase de bares siempre está lleno de gente, no solo por la música sino por el sector en el que se ubicaba, nada más y nada menos que “Cuadra Picha”. Rammstain, Metallica, Guns´n Roses y Slipknot eran algunas de las bandas que se escuchaban esa noche. La conversación siempre era interesante con esos tipos, tenían un alto nivel intelectual y aportaban muchas cosas a cualquier charla. Todos eran biólogos excepto el personaje principal de nuestra historia, de manera que la mayoría de conversaciones hablaban de biología y cuando no, se hablaba de mujeres e historias de tragos.
“Cigarrillos, néctar, risas, tragos, culos, tetas, cigarro, guaro, humo, pola, culos, culos, risas, pola cigarro”.
Y así transcurría la noche que ya pertenecía al siguiente día. Eran las 3 de la mañana y el bar estaba a punto de cerrar pero nuestros personajes no tenían el cupo lleno aún, querían beber más. Como era de costumbre decidieron seguirla en la casa de uno de ellos, esta vez en la casa de Alex, en Bosa (Nada más y nada menos). A parte del nivel de alcohol que llevaban estos tipejos antes de llegar al bar, nivel que aumentó considerablemente mientras su estadía en ese mismo bar, ahora le agregamos a la historia una variable igual de importante, Bosa.
Sobre las 3:30 de la madrugada llegaron a una cigarrera que estaba abierta como a 3 cuadras de la casa de Alex (en Bosa) y compraron 2 cajas de un trago que en alguna época fue muy popular en las universidades “Chin-Chin” (Nada más y nada menos). –Cuando pienso en la combinación Chin-Chin, Bosa y Domingo 3 am, no puedo imaginar un final diferente para esta historia-.  Siguieron bebiendo como acostumbraban hasta que cada uno empezó a caer dormido, el único que no tenía sueño y quería seguir la rumba era nuestro protagonista, a quien a partir de este momento llamaremos “Juan” (Solo por efectos de darle un nombre).
“Trago, cigarro, aburrimiento, música, trago doble, cigarro, me aburro, cigarro, trago, Juan”.
El barrio de Alex se caracterizaba por que las calles eran tan angostas que no cabían los carros, esto hacia que las cuadras fueran mas pequeñas y las casas estuvieran más cerca. No habían pasado más de 20 minutos desde que todos cayeron dormidos, cuando Juan empezó a escuchar música en una de las casas aledañas, así que cigarros, litro de guaro, copa en mano,  decidió salir en la búsqueda de la dichosa “Rumba”. Cabe anotar que eran alrededor de las 4:30 de la madrugada, estaba en Bosa y además totalmente ebrio (Nada más y nada menos). Caminó tal vez unas dos cuadras y de la borrachera no pudo encontrar nunca de dónde venía la música, así que decidió sentarse en un andén, sirvió un trago, se lo tomó y eso es todo lo que recuerda. Sin embargo no fue lo último que hizo, este personaje al que en esta historia llamamos “Juan”, no recuerda que siguió caminando, bebiendo y fumando por las calles de Bosa a las 4:30 de la madrugada. ¿Qué suerte tan mal merecida eso de que no le pasara nada no?
De repente después de caminar algunas cuadras, Juan se detiene en una casa cualquiera y comienza a golpear…
– Ábranme que esta casa es mía…
– Ring, ring, ring…
– Toc, toc, toc…
– Esta casa es mía…
Como si fuera poca la suerte de que no lo robaran y mataran por borracho en Bosa a las 4 y media de la mañana, después de unos minutos una mujer le abre la puerta. “Buenas noches” dice Juan, sube las escaleras hacia el segundo piso y se acuesta en el sofá de la sala, tal como si fuera su casa y empieza a roncar como solo él lo sabe hacer. Alrededor de las 6 de la mañana ella lo despierta y le pregunta que si quiere tomar un tinto, a lo que él responde “Si claro, rico”. Y así transcurrió una hora de charla en el balcón de la casa en la cual vivían 2 hermanas que estudiaban música; Natalia estaba en 6to semestre de piano y María en tercero de violín, esta última es con quien charlaba en el balcón.
“Hacía un sol muy fuerte en ese momento y lo primero que vi al recobrar la conciencia fue la taza de tinto en mi mano. Me sentía confundido porque a parte de tenerla viva aun, no reconocía nada de lo que veía a mi alrededor. Por un momento pensé que era un sueño, que nada de eso estaba pasando en realidad, pero todo era demasiado real como para que fuera un sueño”.-Comentó días después-.
– Él: ¿Dónde estoy?
– Ella: ¿Perdón?
– Él: Sí, ¿Quién eres tú?
– Ella: ¿Es enserio? Llevamos una hora hablando…
– Él: ¿Me prestas tu teléfono?
Así que Juan decidió llamar a su casa, a decirle a su papá que fuera a recogerlo, que él no sabia dónde estaba pero que ya le pasaba a la persona que le iba a dar las indicaciones. Su papá llegó a recogerlo como una hora después.
Usted se preguntará como sabemos esta historia si Juan no recuerda nada después del último trago en el andén, pues la respuesta es que María fue quien le contó todo al papá de Juan mientras él estaba en el carro.
Juan nunca más supo de esas dos mujeres quienes le abrieron a este borrachín sin vergüenza las puertas de su casa cuando perfectamente pudieron haber llamado a la policía para que se lo llevaran o simplemente no abrir la puerta dejando este personaje a merced de una noche llena de alcohol y perdida de conciencia, dejándolo al azar de un barrio en el cual no sería nada raro un atraco con 10 puntos por puñalada.
A esto es a lo que algunos llaman, una suerte muy mal merecida…
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