“Bip, bip, bip, bip”

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Hace alrededor de dos semanas iba en un Transmilenio camino a encontrarme con algunos amigos a hacer el típico plan de viernes, reunirnos en el lugar de siempre por los lados de la 85,  tomarnos unas cervezas y conversar un rato. Esta vez teníamos mucho más de qué hablar ya que no nos veíamos hace mucho tiempo, entonces decidimos vernos un poco más temprano aprovechando que todos estábamos desocupados ese día.
Eran como las tres de la tarde y yo habitaba un B10, esos que paran en todo lado y para rematar estaba hasta las tetas. No entiendo como puede estar lleno un Transmilenio a las 3 de la tarde. ¿Acaso nadie trabaja?, ¿A todo el mundo le dieron permiso ese día? Qué mano de desocupados, al menos yo tenía plan con mis amigos. Yo iba de pie frente a una muchacha de esas que no se ven todos los días, de las que a mi me encantan, cara divina y buenas piernas. Ella iba hablando con alguien por teléfono y sonreía, lo que me hace pensar que a parte de tener una sonrisa espectacular, también tenía novio o salía con alguien. El caso es que no dejé que se diera cuenta de que la miraba, levantar en Transmilenio me parece de lo más guiso. Al llegar a la estación de la calle 45 ella se bajó dejándome su silla libre, por supuesto yo me senté en ella. En esta misma estación se subió una señora con muchas bolsas, imagino que estaba haciendo mercado. Se ubicó de pie al frente mio y pensé que en vez de darle el puesto mejor le ayudaba a cargar todos esos paquetes, y a sí fue. La señora se fue haciéndome la charla todo el camino como típica señora sociable,  me decía que coger taxi en esta ciudad es imposible “Todos pasan llenos o solo van para donde se les da la gana” decía. La verdad me cayó muy bien. Me hablaba de su familia, que era muy feliz y que lo más importante era que todos estaban bien de salud, “porque eso si sin salud uno no puede hacer es nada”. Me hablaba mucho de su hija, su única hija, de lo linda y lo juiciosa que era. ¿Linda y juiciosa? Eso no se ve mucho, o usted la ve linda o no sabe realmente quién es su hija –pensaba yo – Llegamos a la estación de la calle 85 (dónde yo me bajaba) y casualmente esta señora –que nunca me dijo el nombre por cierto- también se bajaba allí. Me pidió el favor de que le ayudara a llevar su mercado hasta su casa, que ella vivía a dos cuadras. Como yo soy un tipo tan caballeroso y atento no dudé en decirle que sí. Al llegar a su casa esta señora me da las gracias muy cordialmente y me dice que me espere, que ella me colabora con alguito. ¿Colaborar?, ¿Alguito? No mi señora, tranquila no se preocupe –le dije-. Ella insistió diciéndome que $50.000 no me sobraban  y en efecto no le sobran a nadie. ¿50 mil pesos? Excelente. Se disponía mi señora a entregarme el dinerillo para lo cual buscaba afanosamente su monedero el cuál no encontró…
Señor, ¿usted tiene mi monedero? –me pregunta- 
Noooojojojojo cómo se le ocurre señora, por supuesto no lo tengo. –le dije-. 
Es que no lo encuentro por ningún lado –dice ella-. 
En ese momento irme ya no era una opción por que si lo hacía iba a quedar como el ladrón del monedero cuando obviamente yo no lo tenía. Se le ocurrió entonces a mi señora timbrar en su casa, razón por la cual sale entonces el que supongo es su marido, un señor un poco mayor, cabello gris y gestos de malgeniado.
“Es que no encuentro mi monedero por ningún lado, yo no sé si es que el señor lo tiene”.
¿Qué le pasa a esta vieja m*rica? Pensé yo. ¿Cómo puede ser posible que esto esté pasando?
El supuesto marido le dice a ella con por supuesto con su voz de malgeniado:
“Busque bien que usted siempre es la misma vaina”.
Cosa que me tranquilizó mucho escuchar. Después de buscar entre todas las bolsas del mercado apareció el f*kin`monedero entre una de ellas.
“Ay señor, qué pena con usted, de verdad me siento terrible” –me dijo-.
No se preocupe señora no pasa nada. –dije yo caminando hacia mi destino inicial-.
¿Qué pasó aquí?
Dice una voz que hasta el momento no había escuchado, por lo cuál decidí voltear a mirar.
No les voy a mentir diciéndoles que era la más mamacita de las mamacitas, porque no lo era, sin embargo a mi esa mujer me encantó, y lo mejor, ella también me miró a mi. Ella era nada más y nada menos que la hija de la casa, aquella mujer que su mamá describía como linda y juiciosa. Y en efecto era linda, muy linda. Y como no se puede ser linda y juiciosa al mismo tiempo ¿entonces qué sería ella? Una desjuiciada.
¿Por qué no sigue y se toma un juguito señor? –me dice la que de nuevo la que volvió a ser “mi señora”-
¡Pero claro! –le dije-, y procedí al interior de la casa .
Me ofrecieron jugo de mango con galletas ducales. Esas galletas que por cierto pensaba que ya no existían. Tanto la señora como la hija se sentaron conmigo en la sala a conversar, las preguntas típicas; ¿Dónde vives?, ¿Cuántos años tienes?, ¿A qué te dedicas? en fin, en algún momento la señora se paró y se fue, entonces aproveché para sacar mi mejor repertorio en coquetería con aquella muchacha que me había encantado.
Entonces María Alejandra, ¿A qué te dedicas?
Me contaba que estudiaba ingeniería civil en la Escuela de Ingenieros, lo que me mostraba que no era tan desjuiciada como yo pensé y en cambio era una mujer muy pila (cosa que me mataba aun más).
Para omitir lo detalles de mi estrategia de coquete, les contaré que intercambiamos números de celular y quedamos de salir. Fue entonces cuando le pedí prestado su baño. Tranquilos, esta no es la típica historia donde me enfermo del estómago y la historia se vuelve una mierda. No, mi historia es perfecta. Entré al baño entonces y mientras hacía lo mio miré hacia la sisterna, había un reloj digital que no había visto antes. Me causó mucha curiosidad el hecho de que estuviera ahí y que además no es común ver un reloj digital que luzca tan elegante.
Pensé entonces para mis adentros: “Pues como a mi me echaron la culpa del monedero, yo me voy a llevar este reloj”. Y así lo hice, lo guarde en el bolsillo de mi chaqueta y salí a terminar de conquistar a “Maleja”. Todo estaba listo, la convencí de que me acompañara a encontrarme con mis amigos esa misma tarde y de paso nos conocíamos un poco más. ¿No era perfecto el plan? Linda, inteligente, y por algún comentario que había hecho hace un rato, le gusta la rumba. ¿Qué más podía pedir?
Todo estaba decidido y ya terminaba de tomar mi jugo, cuando de repente un sonido como 100 amplificadores de un millón de vatios sale del bolsillo de mi chaqueta, las trompetas del apocalipsis, el acabose, en ese momento sentí morir….
“Bip-bip-bip-bip”, “Bip-bip-bip-bip”, “Bip-bip-bip-bip”, “Bip-bip-bip-bip”
No podía sentir vergüenza más infinita  al ver la cara de Maleja quien de inmediato reconoció el sonido de ese reloj que yo había robado y estaba entre el bolsillo de la chaqueta del hombre con el que se disponía a salir y tomar algunas cervezas, y tal vez, ¿por qué no? terminar la velada con una noche romántica, uno nunca sabe, la suerte existe.
“Bip-bip-bip-bip” “Bip-bip-bip-bip” “Bip-bip-bip-bip” “Bip-bip-bip-bip”
Y fue entonces cuando, me desperté…
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5 pensamientos en ““Bip, bip, bip, bip”

  1. Bien bien bien , yo tengo una real ,y es de marcar un número equivocado , o sorpresa que voz tan linda , en efecto así lo almacene en mi bb , les cuento tiene 22 años estudia auxiliar de vuelo si mal no recuerdo, que porque no me acuerdo ,orque me atrevía a saber de quien era esa voz linda pero tomado , y come que la embarre , aún no se o si saber si es linda como su voz , y les cuento es real no un sueño ,,jajaj

  2. Pingback: Como nos cambió la vida de los 20´s a los 30´s en emoticones. | Juan Sings Rock

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